viernes, 10 de julio de 2009

mirando algunas paginas encontré esto... no lo leí mucho todavía... pero se los mando tal vez esté bueno

http://www.consolata.org.ar/_09_02/fichas-misioneras

extracto:
"El amor comienza cuando se prefiere al otro y no a sí mismo y cuando se reconoce su
diferencia y su imprescindible libertad.
Aceptar que en el otro viven otras presencias
además de la nuestra, no pretender creernos imprescindibles en sus necesidades y en sus preocupaciones... es querer, ante todo, con la mayor prueba de amor, que el otro sea fiel a sí mismo.
Incluso si eso nos hace sufrir, se trata de un sufrimiento fecundo porque nos lleva a
desprendernos de nosotros mismos, a vivir intensamente una desposesión enriquecedora
en el seno del abrazo más amoroso; debemos considerar que estamos abrazando a un ser
libre, lleno de posibilidades que incluso se nos escapan."

R. Garaudy,
"Palabra de hombre"

domingo, 5 de julio de 2009


Para pensar espiritualidad misionera:

Seguramente todos habremos escuchado alguna vez en la vida los términos: misión, misionar, misionero, y sus respectivas familia de palabras. Seguramente, cada uno de nosotros le dé un significado distinto a estos vocablos. Aquí, en este pequeño y muy humilde escrito, se intentará dar lugar a la meditación sobre el significado de estas palabras, aunque de modo indirecto, ya que no reflexionaremos concretamente sobre estos ellos, sino lo que sigue a continuación. Quizás, el significado de los mismos lo conozcamos más adelante, con el pasar del tiempo y después de haber vivido ciertas experiencias, de muchísima relevancia para una real espiritualidad misionera.
Ahora bien, como ya lo mencioné en el párrafo anterior, para entender el sentido (¿O los sentidos?) de esta familia de palabras, hay que entender primero qué es lo que significa verdaderamente ser cristiano. ¿Alguien de ustedes pensó alguna vez quién es un cristiano? ¿Qué es un cristiano? ¿Quién es un cristiano? ¿Qué es el cristianismo? ¿Qué es ser cristiano? ¿Por qué existe una religión llamada “Cristianismo”? ¿Para qué sirve la misma? ¿Qué función cumple en el mundo? ¿O bien, cumple alguna función? Etcétera.
He aquí algunas respuestas del sacerdote jesuita Víctor Codina al respecto: “…Antes de responder de forma positiva a la pregunta sobre el ser cristiano, es necesario deshacer los equívocos de falsas o insuficientes definiciones del cristianismo.
1. Ser cristiano no es simplemente hacer el bien y evitar el mal.
Hay muchas personas honestas, que trabajan por construir un mundo mejor e intentan luchar contra la corrupción y la injusticia. Les mueven motivos nobles y una ética humanística. Sin embargo, a pesar de sus aportes positivos y sus valores humanos, no por esto pueden ser llamados propiamente cristianos.
2. Ser cristiano no es simplemente creer en Dios. Judíos y mahometanos, budistas e hindúes, y miembros de otras grandes religiones de la humanidad, creen en Dios, origen y fin último de todo, pero no creen en Jesucristo. Por más que sus vidas y esfuerzos estén bajo el amor providente de Dios y la fuerza de su Espíritu, no pueden ser llamados cristianos.
3. Ser cristiano no consiste simplemente en cumplir unos ritos determinados. Toda religión posee ceremonias y ritos simbólicos, pues de lo contrario se convertiría en un mero intelectualismo ético para minorías. Pero no basta haber sido bautizado, haber hecho la primera comunión, asistir a procesiones, peregrinar a santuarios marianos, celebrar festividades para poder ser identificado como cristiano. Los fariseos del tiempo de Jesús eran muy fieles en sus ritos y sin embargo Jesús los denunció cómo hipócritas (Mt. 23). El rito es necesario, pero no suficiente para ser cristiano.
4. Ser cristiano no se limita a aceptar unas verdades de fe, en unos dogmas, recitar el Credo o saberse el catecismo de memoria. Muchos que profesan la doctrina cristiana recta, están en la práctica muy lejos del Evangelio. Es necesario aceptar la fe de la Iglesia, conocer sus leyes y preceptos, pero esto no basta para ser cristiano. El cristianismo no es sólo una doctrina.
5. Ser cristiano no se identifica con seguir una tradición, que se mantiene de siglos a través de un ambiente. Toda religión reconoce la importancia del peso de la historia, pero el cristianismo no es simplemente una cultura, un folklore, un arte, una costumbre inmemorial que se transmite a través de los años.
6. Ser cristiano no puede consistir únicamente en prepararse para la otra vida, esperar en el más allá, mientras uno se desinteresa de las cosas del presente o se limita a sufrirlas con resignación. La fe cristiana afirma la existencia de una vida eterna y la consumación de la tierra, pero la esperanza de una tierra nueva no debe amortiguar la preocupación por transformar y cambiar esta historia (GS 39). Por esto no se puede llamar cristiano a quien se inhibe de las preocupaciones históricas, con la excusa del cielo futuro.
Ser cristiano no se identifica con ninguna de estas posturas u otras semejantes. Algunas son previas al cristianismo (hacer el bien, creer en Dios), otras admiten elementos necesarios pero no suficientes (practicar ritos, aceptar verdades), otras son mutilaciones del cristianismo (reducirlo a una tradición o a la espera de los bienes eternos). Seguramente la contradicción del cristianismo de América Latina nace de que muchos cristianos se identifican con algunas de estas formas inadecuadas de cristianismo. El resurgir de la Iglesia latinoamericana está ligado a una visión más auténtica del ser cristiano.
No se puede ser cristiano al margen de la figura histórica de Jesús de Nazaret, que murió y resucitó por nosotros y Dios Padre le hizo Señor y Cristo (Hch 2,36). Lo cristiano no es simplemente una doctrina, una ética, un rito o una tradición religiosa, sino que cristiano es todo lo que dice relación con la persona de JESUCRISTO. Sin ÉL no hay cristianismo. Lo cristiano es Él mismo. Los cristianos son seguidores de JESÚS, sus discípulos. En Antioquía, por primera vez los discípulos de JESÚS fueron llamados cristianos (Hch 11,26).
La vida cristiana es un camino (Hch 9,2), el camino de seguimiento de Jesús. Los Apóstoles, primeros seguidores de JESÚS, son el modelo de la vida cristiana. Ser cristiano es imitar a los Apóstoles en el seguimiento de JESÚS. De los Apóstoles se dice que siguieron a JESÚS. (Lc 5,11) y a este seguimiento es llamado todo bautizado en la Iglesia. Los Apóstoles no fueron únicamente los discípulos fieles del MAESTRO, que aprendieron sus enseñanzas, como los jóvenes de hoy aprenden de sus profesores. Ser discípulo de JESÚS comportaba para los Apóstoles estar con ÉL, entrar en su comunidad, participar de su misión y de su mismo destino (Mc 3,13-14; 10, 38-39). Seguir a JESÚS hoy no significa imitar mecánicamente sus gestos, sino continuar su camino, "pro-seguir su obra, per-seguir su causa, con-seguir su plenitud" (Leonardo Boff). El cristiano es el que ha escuchado, como los discípulos de JESÚS, su voz que le dice: "Sígueme" (Jn 1,39-44; 21,22) y se pone en camino para seguirle. ¿Pero qué supone seguir a JESÚS?
Nadie sigue a alguien sin motivos. Los Apóstoles siguieron a JESÚS porque reconocieron que ÉL era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1,29-37), el Mesías, el Cristo (Jn l,41), Aquél de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas (Jn 1,45), el Hijo de Dios, el Rey de Israel (Jn 1,49). Ante JESÚS, Pedro exclama antes de seguirle: "Señor, apártate de mí, que soy un pecador" (Lc 5,8). Los Apóstoles reconocen que JESÚS es Aquél que los profetas habían anunciado como Mesías futuro y que Juan Bautista había proclamado como ya cercano (Jn 1,26; Lc 3,16).
Hoy el cristiano reconoce a JESÚS como el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6), la Puerta (Jn 10,7), la Luz (Jn 8,12), el Buen Pastor (Jn 10,11, 14), el Pan de Vida (Jn 6), la Resurrección y la Vida (Jn 11,25), la Palabra encarnada (Jn 1,l4), el Cristo, el Hijo del Dios Vivo, (Mt 16,16), el Hijo del Padre (Jn 5,19-23; 26-27; 36-37; 43 ss), el que existe antes que Abraham (Jn 9,58), el Señor Resucitado (Jn 20-21), el Juez de Vivos y Muertos (Mt 35,31-45), el Principio y el Fin, ÉL que es, era y ha de venir, el Señor del Universo (Ap 1,8).
El cristiano no sigue, pues a cualquiera, sino al SEÑOR de quien parte la iniciativa para que le sigamos. ÉL es quien siempre llama y nos dice a cada uno de nosotros "Sígueme". El llamado viene de ÉL, a través de la Escritura, de la Iglesia o de los acontecimientos de la historia. Ante esta vocación el cristiano exclama como Pedro: ¿"SEÑOR a quién iríamos"? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo Dios " (Jn 6,68).
La fe cristiana no consiste propiamente en aceptar doctrinas, sino en reconocer a JESÚS como Señor y seguirle. El Credo es la profesión de fe del que sigue a Cristo. El Credo que se enseñaba a los catecúmenos en el tiempo de preparación al bautismo, no era una simple lección de memoria, sino la contraseña que les identificaba como seguidores de JESÚS ante el mundo. Sabían a quien seguían, sabían de quién se habían fiado, y como Pablo, todo lo consideraban basura en comparación de haber conocido y poder seguir a Cristo (Flp 3,7-21).
Seguir a JESÚS es convertirse al SEÑOR, cambiar la orientación de la vida. Significa escoger la vida en vez de la muerte (Dt 30,19). Significa renunciar al Maligno y su imperio de muerte (Jn 8,44) y adherirse a CRISTO. Los primeros cristianos en el catecumenado realizaban una solemne renuncia a Satanás y sus estructuras antes de adherirse a CRISTO por el bautismo. Todavía quedan en nuestra liturgia bautismal los vestigios de esta renuncia. Pero todo ello debe hoy profundizarse. Nadie puede servir a dos señores, a DIOS y al dinero (Mt 6,24)… JESÚS aunque llamó a los discípulos personalmente, uno por uno, a su seguimiento, formó con ellos un grupo, los doce, a los que luego se añadieron hombres y mujeres hasta constituir una comunidad: la comunidad de JESÚS (Lc 8,1-3). Este modo de actuar del SEÑOR no es casual, sino que corresponde al plan de DIOS de formar un Pueblo, a lo largo de la historia, para que fuese semilla y fermento del Reino de Dios (LG 9 ). El pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, fue elegido y formado lentamente por YAVÉ, desde Abraham hasta María, era figura y semilla del nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, que JESÚS preparó y que nació por obra del ESPÍRITU SANTO en Pentecostés (Hch 2). La Iglesia es la comunidad que mantiene la memoria de JESÚS a través del tiempo, es su Cuerpo visible en la historia (1 Cor 12), continúa profetizando el proyecto de JESÚS a todos, anuncia el Reino a los pobres, denuncia el pecado y va realizando la fraternidad y la filiación de la humanidad, hasta hacer de ella la nueva humanidad, los nuevos cielos y la nueva tierra en la nueva Jerusalén, donde existirá plena comunión entre DIOS y la humanidad (Ap 21).
La Iglesia prolonga en la historia el grupo de discípulos de JESÚS y es la comunidad que prosigue la misión de JESÚS en este mundo. Es sacramento de JESÚS, sacramento de salvación liberadora en nuestra historia concreta (LG 1;9; 48). Sus pastores (Papa, Obispos. . .) le guían en esta misión, prolongando la función de Pedro y los Apóstoles (Mt 16,18-19). Los sacramentos no son simples ritos para la salvación individual, sino momentos fuertes de la vida de la comunidad eclesial, y su centro es la Eucaristía, el sacramento que alimenta a la Iglesia con el Cuerpo y Sangre de Cristo y la va edificando como Cuerpo de Cristo en la historia (1 Cor 10,17). La catequesis de los sacramentos debe enmarcarse dentro de la comprensión de la Iglesia como comunidad de Jesús.
Querer seguir a JESÚS al margen de la Iglesia es un peligroso engaño ya que, como Pablo descubrió en su conversión (Hch 9,5-6), la comunidad de los cristianos es el Cuerpo de JESÚS (1 Cor 12, 27), es CRISTO presente en forma comunitaria. Pero la Iglesia deberá contíuamente convertirse al Reino de Dios, objetivo central de su misión, y deberá recordar siempre que Jesús siendo rico se hizo pobre ( 2 Cor 8,9j) y fue enviado para evangelizar a los pobres y salvar lo perdido (Lc 4,l8; 19,10), como el Vaticano II proclama (LG 8) y la Iglesia de América Latina ha recogido al hablar de la opción preferencial por los pobres (DP 1134).”[1]


Puntos para la conversación con JESÚS en la Oración
A partir de la lectura de lo anterior, reflexionar sobre algunos de los siguientes puntos. No hay que responder a todos los interrogantes, sólo hay que tomar aquellos que me ayuden a tener un diálogo con DIOS. Aquí es de suma importancia aclarar que, ellos, son para ayudarnos a charlar con JESÚS en la intimidad, en nuestra soledad, y también, para que seamos cada vez más concientes de lo que vamos a realizar en Neuquén. Pretenden ser preguntas que nos lleven a crecer como cristianos, como amigos de JESÚS, y poder enriquecer nuestro objetivo como grupo misionero. De ningún modo, tienen la intención de llevarnos a sentirnos culpables, a estancarnos en alguna miseria que tenemos (de hecho, todos las tenemos: …quien no tenga ningún pecado que arroje la primera piedra...), que no somos capaces o dignos de ir a misionar, o que no podemos “cumplir” con un “modelo” de cristiano o de misionero. Bastará con aclarar que el Cristianismo no funciona a fuerza de “modelos”, de “estereotipos” –aunque muchos cristianos pretendan hacer esto-, pero sí tiene ideales, causas que defender, proyectos por los cuales pelear, ¡¡¡Y qué ideales, qué causas, qué proyectos, qué utopías[2]!!! Por ello, es de suma relevancia poder internalizar o hacer nuestro a los mismos, más allá de que no los podamos “cumplir” a la perfección. ¡¡¡Cómo si el Cristianismo se tratara de cumplir!!![3]
Ahora si, hechas las necesarias aclaraciones, vayamos a encontrarnos con DIOS:
1. ¿Cómo pienso al Cristianismo actualmente? ¿Coincide con lo que dice Víctor Codina?
2. ¿Qué significa ser Cristiano para mí? ¿Me considero Cristiano?
3. ¿Qué es lo que me “llegó” más del texto? ¿Qué es lo que más me llamó la atención del mismo? Dialogar con DIOS sobre eso y sacar algún provecho.
4. ¿Me identifico con alguna de las formas insuficientes de pensar al Cristianismo?
5. ¿Participo de alguna Comunidad de discípulos de JESÚS (parroquia o movimiento de Iglesia)? ¿Por qué? ¿De qué forma?
6. ¿Cómo es mi relación actual con DIOS o JESÚS? ¿En qué momentos se da? ¿Cuándo se da? ¿En qué lugares se da? ¿Cada cuánto se da? ¿Es DIOS el centro de mi vida? ¿Intento al menos que lo sea? ¿Cómo se expresa esa relación con DIOS? ¿en dónde la identifico? ¿En la Misa, en los Sacramentos en general, en la Oración, en el encuentro con mis hermanos, en la ayuda o servicio al que más nos necesita, etcétera? ¿Cómo es mi vida sacramental? ¿Voy a Misa todos los domingos? ¿Participo en ella? ¿Recibo el sacramento del perdón de DIOS de vez en cuándo? ¿Por qué?
7. Si hubo o hay algo que particularmente habló a mi interior y no se encuentra en ninguna de las preguntas, no dudar en ponerlas en Oración.


[1] Codina S.J., Víctor. “Ser Cristiano en América Latina” (capítulo I). editorial “Latinoamérica Libros s.r.l.”. Buenos Aires. 1986.
[2] Algunas de esas causas son: crear la “civilización del amor”, es decir, luchar por un mundo más justo y solidario; construir el Reino de DIOS sobre la tierra; santificar el mundo; servir a la humanidad en distintos campos; redimir el corazón del Hombre; anunciar la Buena Noticia, es decir, la salvación de la humanidad; anunciar el amor de JESÚS al Mundo; etcétera.
[3] De hecho, dentro del Cristianismo se trata de amar a DIOS, a los hermanos y a nosotros mismos; en esto se resume (sin caer en reduccionismos) la enseñanza de JESÚS.

sábado, 4 de julio de 2009

Quiero compartir parte de una cancion llamada ¨Décimas¨:

¨Que al fin la mala fortuna
se valla a dormir un rato
se quite traje y zapatos
se olvide de mi existencia
que yo frente a su sentencia
declaro mi desacato¨
¨La vida es viaje fecundo
si hay puentes hacia los otros...¨
Elizabeth Morris

miércoles, 1 de julio de 2009

PROXIMA REUNION !!!!!!!!!!!!
DOMINGO 5 DE JULIO
LUGAR: SAUCE VIEJO
comemos fideos (con salsa hecha por chef Jorgito),
y despues repartimos los gastos

SOBRE LA ALEGRIA




"La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro origen. Es espiritual. El dinero, el confort, la higiene, la seguridad material no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza forman parte, por desgracia, de la vida de muchos. Esto llega a veces hasta la angustia y la desesperación que ni la aparente despreocupación ni el frenesí del gozo presente o los paraísos artificiales logran evitar.
¿Será que nos sentimos impotentes para dominar el progreso industrial y planificar la sociedad de una manera humana? ¿Será que el porvenir aparece demasiado incierto y la vida humana demasiado amenazada? ¿O no se trata más bien de soledad, de sed de amor y de compañía no satisfecha, de un vacío mal definido?. Por el contrario, en muchas regiones, y a veces bien cerca de nosotros, el cúmulo de sufrimientos físicos y morales se hace oprimente: ¡tantos hambrientos, tantas víctimas de combates estériles, tantos desplazados! Estas miserias no son quizá más graves que las del pasado, pero toman una dimensión planetaria; son mejor conocidas, al ser difundidas por los medios de comunicación social, al menos tanto cuanto las experiencias de felicidad; ellas abruman las conciencias, sin que con frecuencia pueda verse una solución humana adecuada. "
"Sería también necesario un esfuerzo paciente para aprender a gustar simplemente las múltiples alegrías humanas que el Creador pone en nuestro camino: la alegría exaltante de la existencia y de la vida; la alegría del amor honesto y santificado; la alegría tranquilizadora de la naturaleza y del silencio; la alegría a veces austera del trabajo esmerado; la alegría y satisfacción del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio. El cristiano podrá purificarlas, completarlas, sublimarlas: no puede despreciarlas. La alegría cristiana supone un hombre capaz de alegrías naturales. Frecuentemente, ha sido a partir de éstas como Cristo ha anunciado el Reino de los Cielos.
"Pero el tema de la presente Exhortación se sitúa más allá. Porque el problema nos parece de orden espiritual sobre todo. Es el hombre, en su alma, el que se encuentra sin recursos para asumir los sufrimientos y las miserias de nuestro tiempo. Estas le abruman; tanto más cuanto que a veces no acierta a comprender el sentido de la vida; que no está seguro de sí mismo, de su vocación y destino trascendentes. El ha desacralizado el universo y, ahora, la humanidad; ha cortado a veces el lazo vital que lo unía a Dios. El valor de las cosas, la esperanza, no están suficientemente asegurados. Dios le parece abstracto, inútil: sin que lo sepa expresar, le pesa el silencio de Dios. Sí, el frío y las tinieblas están en primer lugar en el corazón del hombre que siente la tristeza."




Extraído del documento: "GAUDETE IN DOMINO",
EXHORTACION APOSTOLICA DE SU SANTIDAD PABLO VI

AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES DE TODO EL MUNDO SOBRE LA ALEGRIA CRISTIANA